ACTIVIDAD FÍSICA Y EMBARAZO

El embarazo es un período transitorio de la mujer que se caracteriza por un cambio de hábitos. Son muchas las mujeres que hoy en día deciden realizar actividad física durante la gestación para sentirse mejor, mitigar los efectos secundarios o simplemente para reportar un beneficio al bebe.

 

Para dar respuesta a todas las preguntas relacionadas con el ejercicio físico durante el embarazo, la colegiada y profesora de la Universidad San Jorge, Lucía Sagarra, analizó el pasado 9 de mayo en Aragón Radio las consideraciones a tener en cuenta durante esta etapa de la mujer.

 

– Colaboración de Lucía Sagarra (colegiada nº 58533) en Aragón Radio (9-5-17)-

 

Para iniciarse en la práctica de actividad física drurante el embarazo, la mujer debe contar con la aprobación del médico especialista o matrona en su primera ecografía prenatal. La colegiada Lucía explicó que esta fase suele coincidir con la semana 6-12 y es importante tener esta aprobación para descartar posibles riesgos.

En cuanto a los cambios que se producen en la mujer gestante y que se deben tener en cuenta a la hora de hacer ejercicio, destacan los de origen cardiovascular, ya que “durante el embarazo la frecuencia cardíaca en reposo aumenta” debido a que a nivel respiratorio se produce una compresión del diafragma que reduce la capacidad inspiratoria. Por otra parte, también existen cambios hormonales, músculo esqueléticos y metabólicos. “Sabemos que la mujer embarazada aumenta su requerimiento y necesidades energéticas, este aspecto lo debemos tener en cuenta a la hora de plantear un programa de ejercicio físico, la mujer puede llegar a necesitar un aporte extra de 300 kcal, sobre todo después del segundo trimestre”.

 

 

Frente a la pregunta de si las mujeres sedentarias pueden realizar actividad física regular durante el embarazo, Sagarra fue firme al argumentar que hoy en día se sabe que durante el embarazo las mujeres pueden beneficiarse de “mejoras en la capacidad aeróbica, tolerancia de esfuerzos, mejora de la autoestima y confianza, mejor control del peso así como reduccción de las posibilidades de desarrollar una diabetes gestacional, entre otros”. Por otro lado, un programa de ejercicio físico que incluya trabajo de fuerza, va a producir un aumento de la fuerza resistencia que le va a procurar un mejor control postural a la mujer y atenuación de los dolores de espalda”.

 

En relación al planteamiento del programa a llevar a cabo por los Educadores Físicos, este debería iniciarse a partir del segundo trimestre del embarazo. Además, tal y como explicó Sagarra, “se debe insistir en que la mujer gestante realice actividad física de forma regular y no ocasional”.

 

A la hora de realizar un programa de ejercicio físico, Sagarra remarcó una serie de consideraciones a tener en cuenta como las posiciones de trabajo, “durante el último trimestre se deben evitar posiciones tumbadas boca arriba; la posición en cuadrupedía es segura para la mujer”. Para el control de la intensidad de las sesiones es mejor contar con la percepción subjetiva del esfuerzo (Escala de Borg) que la frecuencia cardíaca. Se deben evitar ambientes muy calurosos o con alta humedad, y además se debe insistir en que la mujer embarazada se hidrate antes, durante y después de la práctica.

En cuanto a las rutinas de ejercicios, Sagarra puntualizó que “deberían incluirse ejercicios de fortalecimiento de suelo pélvico así como de la musculatura abdominal, no incluyendo ejercicios de flexo-extensión del tronco, para no producir mayor elongación de la diastasis”. El tipo de ejercicio aconsejado, se basa en la combinación de trabajo aeróbico y fuerza resistencia, desaconsejándose las prácticas a elevadas alturas, deportes o prácticas de impacto con riesgo de golpes así como prácticas de buceo o submarinismo.

 

En cuanto a las consideraciones que deben alertar tanto a las mujeres embarazadas como a los Educadores Físicos, hay que saber que “los esfuerzos no controlados o excesivamente intensos aumentan el riesgo de parto prematuro”. En cuanto a las contraindicaciones para no realizar práctica de actividad física destacan: la hipertensión, embarazo múltiple, historia de parto prematuro, sangrado persistente, abortos previos habituales o un retraso en el crecimiento intrauterino.

 

Por último, “una vez la mujer ha dado a luz, se aconseja que esta retome la práctica de actividad regular pasadas unas 4-6 semanas en caso de parto natural y 8-10 en el caso de cesárea”.

 

La entrevista completa se puede escuchar en el siguiente enlace:

http://www.aragonradio.es/podcast/tag/lucia-sagarra

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